Deslizó suavemente su dedo indice por el filo de la copa. Las copas de vino con forma de globo, transparentes y lisas eran la mejor elección. La configuración perfecta que permitía liberar todo el aroma, dejando respirar al vino para alcanzar un bouquet completo y conseguir el mejor sabor en su paladar. Algo complementamente extraordionario y perfecto. Con extrema delicadeza sujetó la copa y se la llevó a los labios... ese sabor despertó muchos recuerdos. Haiko estaba a su lado, su fiel compañero. Cuarenta y cuatro kilos y su tamaño más de una vez habían resultado un inconveniente pero, sin embargo, él siempre la complacía, con sólo mirarla le daba vida. Acarició ligeramente su lomo y con sus manos acercó su cara a la suya: "Haiko, cuánto te quiero. ¿Tú lo sabes?. Eres parte de mi vida, algo hermoso... Yo sólo espero que seas feliz a mi lado..." Y, Haiko, le lamió el rostro cariñosamente porque ambos se comprendían, ese vínculo excepcional e insólito que los unía... Qui...
Me encanta, hace pensar transportado con la música en esas voces.
ResponderEliminarNo te mojes, llueve fuerte, guapa.
Un beso.
Difíciles de no escuchar.
EliminarSiempre que llueve me mojo. Es lo que tiene la lluvia; cala.
Besitos!
Una voz, algo que creemos débil y sin embargo tiene muchísima fuerza.
ResponderEliminarMuy bonito, un besito.
La voz, las voces... "Emponderamiento de la pura esencia humana" Como dices, creemos débiles.
EliminarMuchas gracias Nerea!!!
Un súper beso, guapa!!