Entonces, mis propios demonios hicieron un pacto. Jamás se sublevaron, respondían a una necesidad superior, a una bestia capaz de reinar en el propio infierno. Allí donde la razón más humana es capaz de arder para desprender en sus confines las cenizas de la cordura, por los avernos de la conciencia humana, y donde el límite es tan difuso que el placer se enmascara de tortura bajo el letargo del juicio; Mefistófeles posó su mano. Doblegó cada miedo y engendró el temor en las propias entrañas de mis pequeñas bestias. Su magnitud desbastadora se extendía por las fronteras que delimitaban mi propio ser, difuminando cada extremo, para convertir esa línea divisoria otorgada por la realidad en no más que el horizonte que se desvanecía ante mi mirada. En su lúgubre dominio retumbaba la sinfonía de una oscuridad, su eco me envolvía en la cacofonía inconfundible de la disociación y sus notas se lazaban sobre mí. Inconscientemente me diluí en ese canto de sirena, sin ser capaz de dis...
Deslizó suavemente su dedo indice por el filo de la copa. Las copas de vino con forma de globo, transparentes y lisas eran la mejor elección. La configuración perfecta que permitía liberar todo el aroma, dejando respirar al vino para alcanzar un bouquet completo y conseguir el mejor sabor en su paladar. Algo complementamente extraordionario y perfecto. Con extrema delicadeza sujetó la copa y se la llevó a los labios... ese sabor despertó muchos recuerdos. Haiko estaba a su lado, su fiel compañero. Cuarenta y cuatro kilos y su tamaño más de una vez habían resultado un inconveniente pero, sin embargo, él siempre la complacía, con sólo mirarla le daba vida. Acarició ligeramente su lomo y con sus manos acercó su cara a la suya: "Haiko, cuánto te quiero. ¿Tú lo sabes?. Eres parte de mi vida, algo hermoso... Yo sólo espero que seas feliz a mi lado..." Y, Haiko, le lamió el rostro cariñosamente porque ambos se comprendían, ese vínculo excepcional e insólito que los unía... Qui...
Eran las tres y algo la tarde, su jornada de trabajo había concluido. El calor apretaba, sin lugar a dudas, el bochorno se sentía a cada paso. Las risas de las compañeras fueron la despedida de ese día. Antes de comenzar el paseo de vuelta a casa sacó del bolso el móvil, por el camino leería todo aquello que tenía pendiente. Ese aparato electrónico se había convertido en un elemento indispensable, posiblemente sería adicta. Si no tanto a la tecnología, ni al intercambio social...sí a algo que ello albergaba. Esa adicción la tenía en mente constantemente, desprenderse de ella le costaría. Estaba leyendo, concentrada, ajena a todo lo que acontecía y envuelta en sus pensamientos cuando escucho la voz de alguien... "Perdona..." Al despegar la vista de la pantalla y girar su cabeza para centrar la atención en la persona que la demandaba, sus ojos contemplaron a una chica sentada en un banco de piedra en medio del parque, un espacio deshabitado sólo ...
Un poema de gran belleza, dónde los sentimientos están a flor de piel.
ResponderEliminarUn abrazo literario.
Hola, Tertulia de Escritores!
EliminarMe alegra que te guste! Muchas gracias por leer y dejarme tu marca, aquí.
Un beso envuelto en letras (4).